Clínica minifiv 3 febrero 2021| By Minifiv

Mamá después del cáncer: una historia real de superación y sueños cumplidos

El 4 de febrero es el Día Mundial del Cáncer y por ello queremos compartir una historia real en primera persona, el testimonio de una de nuestras pacientes que ha conseguido su deseado embarazo después de superar un Linfoma de Hodgkin.

Esta preciosa historia nos habla de fortaleza y sobre todo de esperanza, no solo por la complejidad que ya de por sí implica un tratamiento oncológico, sino también por todas las dificultades que surgieron para poder cumplir su sueño, incluyendo la pandemia que la obligó a posponerlo un poco más.

Hoy nuestra paciente ha superado su primer trimestre de embarazo y queremos darle las gracias por compartir su historia, pero sobre todo por no desfallecer a pesar de los obstáculos. ¡Enhorabuena!

 

Diagnóstico del cáncer y preserva oncológica

Mi historia empezó en junio de 2015. Una tarde me noté la zona de la clavícula inflamada y dentro sentía unos bultos. No le di mucha importancia, pero al día siguiente fui a mi médico de familia que me dijo que fuera a urgencias a que me vieran mejor. Diez días después estaba con mi marido en la consulta de hematología con un diagnóstico: “Linfoma de Hodgkin”, un cáncer linfático. El doctor empezó a hablarnos de diferentes pruebas, del tratamiento de quimioterapia que debía seguir y me preguntó si quería tener hijos. Siempre había querido ser madre, pero por circunstancias de la vida se había ido posponiendo.

Precisamente, llevábamos un tiempo intentándolo de nuevo y como no llegaba el embarazo estábamos esperando cita de la seguridad social para la consulta de infertilidad. Así que mi hematólogo me derivó de urgencia para preservar mis ovocitos antes de empezar con la quimioterapia unas semanas después.

Cáncer y maternidad: es posible

El tratamiento oncológico constó de 6 ciclos (dos sesiones cada quince días). La verdad es que no lo llevé muy bien, tenía mucha ansiedad cada vez que tenía una sesión y mi cuerpo cada vez se recuperaba peor después de la quimio. Además, tuve varios ingresos por fiebres que no desaparecían y los doctores llegaron a pensar que el tratamiento no estaba funcionando. Por suerte, no fue así y en marzo me confirmó mi hematólogo que estaba en remisión completa.

A partir de ese momento me tocaba ir a revisiones cada tres meses y volver a mi vida normal. Según las superaba y empezaba a encontrarme mejor, volví a pensar en el tema de la maternidad y en los ovocitos que estaban preservados. Mi hematólogo me dijo que los dos primeros años debía esperar porque suele haber más riesgo de recaída y eso hice, esperé. En cuanto pasó ese tiempo, volví a la consulta donde me habían hecho el tratamiento de preservación de ovocitos y en seguida empezamos el tratamiento para hacer la primera FIV con la mayor de las ilusiones.

Y… llegó la pandemia

Tenía casi 41 años y tampoco tenía mucho tiempo que perder. Pudimos hacer tres tratamientos, pero ninguno fue positivo. Este proceso fue agotador física y mentalmente, así que decidimos darnos un tiempo y pensar qué hacíamos. Si queríamos ser padres, y no podíamos de manera natural, ya solo nos quedaba la opción de una clínica de reproducción asistida. Y es lo que hicimos. Nuestras ganas de ser padres nos hicieron buscar diferentes clínicas y tratamientos.

Finalmente nos decidimos por miniFIV, donde nos recibió el doctor Alfonso Bermejo y nos explicó claramente los tratamientos que se podían hacer y lo que se adecuaba mejor a nuestro caso en concreto. Nos decantamos por ir directamente a la ovodonación, pero la primera transferencia no fue todo lo bien que esperábamos. Después llegó la pandemia, el confinamiento y todo tuvo que pararse. Fue un gran golpe, pero en junio volvimos con más ganas si cabe. La siguiente transferencia se tuvo que cancelar y la siguiente volvió a ser negativa. Otra desilusión más y ya empezamos a plantearnos si seguíamos intentándolo o no. El doctor nos explicó qué más se podía hacer y decidimos intentarlo nuevamente. Esta vez recibimos la ansiada llamada que confirmaba que estaba embarazada. Casi no nos lo podíamos creer, habíamos pasado por tres años de tratamientos y una montaña rusa de sentimientos y emociones. La felicidad era absoluta.

Una historia de superación con final feliz

En estos momentos estoy embarazada de 19 semanas y por el momento todo va bien. Ver las primeras ecografías y escuchar el corazón del bebé por primera vez fue muy emocionante. De hecho, diría que es lo mejor que nos podría traer el 2021, la ilusión por tener a nuestro bebé en junio.

En definitiva, lo que quiero transmitir a todas las mujeres que han encontrado dificultades añadidas en su proceso de ser madre, es que hoy en día la ciencia nos ofrece posibilidades para ayudarnos a conseguir nuestro sueño.

No hay que perder la esperanza porque se puede ser madre después de un cáncer.